Los dos-tres planos
Publicado: 22 enero, 2012 Archivado en: Paisaje | Tags: ruina, Urbasa Deja un comentario »
En medio de la nada
Esta fotografía aparece, aparentemente, como la yuxtaposición de dos tomas distintas. Gracias a lo que se deja ver a través de la ventana podemos observar que todo forma parte de la misma ubicación y momento. Sin embargo se produce una ilusión óptica consistente en creer que la parte de la izquierda, la construcción en ruinas es un elemento postizo, añadido, insertado de forma no natural en medio de esa vasta extensión que se puede ver en los casi otros dos tercios de la instantánea.
Se produce un contraste claro. De un lado, derecha, lo natural, el espacio abierto e infinito de la pradera central de la sierra de Urbasa. Cómo llama la atención este espacio cuando el viajero que sube pro primera vez a esta sierra lo descubre, sin aviso, tras kilómetros y kilómetros de recorrido por bosques espesos y frondosos. Este claro, al que llaman “raso”, se encuentra tapizado por pequeños arbustos de sotobosque, signo inequívoco de la degradación de la pradera…… Del otro lado, la construcción humana, lo que fue y ya no es. Se trata de la parte trasera del frontis de un frontón y por los restos que aún quedan en la ruina, bien podría tratarse de los vestuarios donde los antiguos pelotaris cambiaban su ropa de calle por el pantalón y camisa del juego de la pelota.
Otro aspecto que me llamó la atención de la escena, además del contraste entre la naturaleza de los motivos fotografiados, es el contraste entre lo próximo y lo lejano o casi infinito. Lo próximo es la construcción en ruinas, con su finitud bien clara, terminando en el pequeño espacio o habitación abierta por el paso del tiempo, con un pequeño guiño, a través de la ventana sin postigo, a la infinitud o lejanía del paisaje de su derecha, del otro espacio, el casi infinito que se vuelve más infinito aún por la sensación de pérdida visual y fuga del cielo o firmamento intensamente azul, jalonado de nubes algodonosas.
Finalmente, un tercer contraste, este ya cromático, que divide y acentúa de nuevo el espacio fotográfico en tres planos esta vez. El azul, el verde y el blanco como colores dominantes en la escena, aunque cada uno de ellos con matices o imperfecciones.
Tenemos, por lo tanto, una instantánea con tres niveles de planos: en primer lugar, el doble plano de la naturaleza esencial de los dos motivos (lo natural y lo artificial); en segundo lugar, un nuveo doble plano de lo cercano y contiguo y lo lejano y separado en el espacio; y en tercer lugar, el triple plano del cromatismo.
En resumen, que esta fotografía me ha atraído mucho desde que la hice. Tiene volumen, profundidad y altura, aspecto este útlimo que no he reseñado, pero que considero importante, pues bien se puede observar que entre la construcción en ruina y la pradera hay un vacío que parece inexplicable.
Ilusiones de un atardecer de otoño
Publicado: 2 noviembre, 2011 Archivado en: arquitectura, fotorreportaje | Tags: arquitectura, Artika, atardecer, edificio, mujer, Pamplona, sombra 1 comentario »
Ella ha perdido a su ser
Quiso la casualidad que pasara por aquel lugar y en ese instante una chica joven con faldas. La imagen de la fachada ya la había visto en otras ocasiones, en mis viajes de regreso de Bilbao, y estaba encelado con ella (con la fachada). Desgraciadamente, nunca llevaba la cámara conmigo y era imposible tomar la imagen. Pero aquella tarde sí que me acompañaba y estaba en el maletero del coche.
El edificio de la imagen se encuentra en las afueras de la ciudad y no resultaba fácil acercarse a él, ya que una maraña de vías rápidas, enormes rotondas y pasos subterráneos me separaba de mi objetivo. Aparqué el coche como pude y, sorteando todos los obstáculos mencionados, conseguí llegar hasta las inmediaciones del lugar que llamaba mi atención.
El sol estaba poniéndose y calculaba que no tendría más de quince minutos para hacer todas las tomas que quería desde distintos ángulos, hasta que desapareciera por el horizonte y se diera por finalizado el magnífico color dorado que impactaba sobre la fachada de este edificio. Subido en un parterre de hierba fui haciendo distintas tomas: verticales, horizontales, con cielo por arriba, sin cielo, con detalles de las sombras, etc. Me interesaba especialmente el objeto de la farola y su sombra muy perfilada y nítida acombada sobre la superficie del edificio. Ese contraste entre la rectitud del pie de la farola y su sombra curvada era una distorsión de la realidad que me gustaba. Las sombras difuminadas de los dos pequeños árboles aportaban un nuevo contraste con la sombra dura de la farola. Los patrones geométricos de las nervaduras verticales del edificio y la textura agujereada del material metálico de la fachada hacían el resto para una buena foto de arquitectura y elementos urbanos.
Cuando ya estaba a punto de irme de allí apareció la chica joven. De izquierda a derecha. Ajusté rápidamente los controles de la cámara, ya que contaba con pocos segundos, y comencé a disparar varias tomas colocando a la figura en distintas posiciones del encuadre. Pensé que la introducción de un elemento humano, factor humano que dicen otros, en la fotografía le daría un nuevo aire a mi objetivo. Aportar la dimensión adecuada al tamaño de la fachada o, en su caso, humanizar la estructura arquitectónica eran fines deseados. Ella recorrió garbosa toda la acera hasta que, casi a punto de desaparecer del encuadre y del edificio, me lanzó una mirada directa. Me descubrió y yo la saludé con mi mano levantada. Ella siguió. Era real.
Al llegar a casa, anisioso como siempre que uno sabe que tiene algo bueno en su cámara, revelé los negativos con premura. Fue entonces cuando descubrí, al mirar con detenimiento las tomas, que sólo habían quedado registradas sus sombras de caminante en un atardecer de otoño. Ella no estaba.
Arquitectura y desesperación humana
Publicado: 1 noviembre, 2011 Archivado en: arquitectura, fotorreportaje | Tags: arquitectura, Avilés, cultura, edificio, Niemeyer Deja un comentario »La relación entre arquitectura y personas siempre ha sido complicada y dolorosa. Sólo tenemos que acordarnos de los primeros abrigos rocosos en los que se refugiaban de las inclemencias del tiempo nuestros antepasados prehistóricos: humedad, frío, duro suelo, oscuridad.
Hoy en día, esta relación ha cambiado en sus aspectos físicos y materiales, con la consiguiente ganancia en bienestar de todo tipo, pero no así en los aspectos emocionales que la estrecha relación entre vivienda y humanidad conlleva
Sólo hay que ver la foto que acompaña a este texto para darse cuenta inmediatamente del peso de las estructuras arquitectónicas sobre las personas. Un joven abatido y derrotado ha perdido el conocimiento bajo la fuerte y pesada estructura invertida de la coctelería construida por Oscar Niemeyer en su centro cultural de Avilés. Fijémonos que de su mano izquierda cuelga un pliego. Éste contiene un manifiesto precisamente a favor del arte y la belleza y en contra de estructuras arquitectónicas de esta clase. Sin embargo, no llegó a tiempo de entregarlo en su destino. Le faltó poco, tan sólo unos peldaños, para alcanzar el lugar donde mora el sumo hacedor, aquél que dispone de los designios de las formas y los volúmenes en las ciudades.
La fotografía, que traza una quebrada diagonal de izquierda a derecha en sentido descendente, divide el espacio celeste en dos partes. Una, la etérea y celeste atmósfera del aire avilesino, y otra, la lechosa y diáfana estructura invertida de Niemeyer, construida con claros criterios de subversión del orden establecido (lo ancho arriba y lo estrecho abajo), Estructura que viene a romperse cruelmente con la mancha biológica del joven muerto, recostado sobre la barandilla de la escalera de acceso al lounge-bar.

